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Aceite muy
abundante.
La temperatura
adecuada es 180 grados centígrados.
Sin termómetro
se puede comprobar la temperatura dejando caer una gota de
masa sobre el aceite. Si está listo la gota antes de
llegar al fondo sube hacia arriba. Si baja hasta el fondo
está frío. Si queda en la superficie demasiado caliente.
En principio
freír las piezas en poca cantidad de forma que no se
enfríe el aceite.
Colocar cada
trozo sobre el aceite con cuidado para que no salte y os
queméis.
Dar vuelta de
cuando en cuando para que la cocción y color sea uniforme.
Cada vez que terminéis de freír una tanda, retirar los
trocitos de masa desprendidos, que flotan en el aceite.
Si el aceite
se oscurece mucho, puede aclararlo calentan-do ligeramente
en él una rodaja de patata hasta que se dore.
Para quitar el
sabor de crudo del aceite, freír un trocito de miga de pan
en él.
Punto de
témpura.
El témpura
tiene un punto muy delicado, que se coge con la práctica.
Debe quedar crujiente, pero no mucho. El color debe ser el
blanco-pálido. Por supuesto si el témpura es abundante,
las últimas camadas toman un tono amarillento y la masa no
se estira tanto. En este caso es inútil aumentar la
cantidad de masa, el aceite está gastado, añada un poco
nuevo. Hay dos detalles fundamentales para lograr un buen
resultado: a)
Mientras se
fríen las piezas gotear masa sobre el acei-te, ayudándonos
de unos palitos. De esta forma la masa se dispersa y el
resultado es mucho más vistoso.
b) Las piezas
no deben estar cortadas muy anchas; cuando las freímos
éstas suben a la superficie, y si son demasiado gruesas o
bien la parte superior se quemaría o el interior quedaría
cruda.
c) Procurar no
cubrir totalmente las piezas, de forma que se aprecie la
variación de colores |