La
perdices, una vez limpias y chamuscadas, se cosen con
bramante y se sazonan con sal, cubriendo las pechugas
con una lonja de tocino, sujetando esta con un hilo; se
ponen en una cacerola al horno, se añaden 75 gr. de
manteca y cuando tengan un color dorado se mojan con el
jerez y se cuecen a fuego suave hasta que estén tiernas,
rociándolas de vez en cuando con su propio jugo.
Las patatas se mondan y se les da forma de avellanas. Se ponen 50 gr. de
manteca de cerdo en una cacerola, se arrima al fuego y
cuando este bien caliente se echan las patatas
friéndolas hasta que estén doradas, se escurren y
sazonan con sal añadiendo la mantequilla. Desprovisto el
pan de la corteza se hacen tres costrones, uno en forma
de pirámide y dos para que sirvan de zócalo, o sea
debajo de las perdices, se fríen con la manteca restante
y se colocan en una fuente, encima se ponen las perdices
desprovistas de los hilos, rodeándose con las patatas y
se adornan con limones y berros y se rocían con un poco
de su jugo. En la cacerola donde se han asado las
perdices, se escurre la manteca y se añade un decilitro
de caldo o agua, se hierve 5 minutos y se pasa el
liquido por un colador sirviéndolo en una salsera
acompañando a las perdices